Never stop learning

Unas breves recomendaciones, que te serán útiles si trabajas en una consultora de formación y buscas proporcionar buenos programas a tus clientes, pero que sobre todo son imprescindibles si eres el cliente final, es decir, la empresa en la que se va a realizar el incompany. 

  1. No estás comprando calcetines para tu plantilla.

Los calcetines se venden en packs que sirven para varias tallas. A poco que sepas el tamaño de pie de quien los va a llevar, puedes arramblar con seis paquetes de diez y todo el mundo estará servido.

Pero la gente que trabaja en tu empresa raramente tiene la misma talla de necesidades o le sientan bien las mismas propuestas que a otras. No vas a poder comprar un pack prefabricado y que funcione. Acéptalo y huye de ese tipo de soluciones genéricas.

«Póngame 10 pares de esos del unicornio»

2. Plantea problemas, no soluciones.

No vas (o no deberías ir) a la consulta del especialista pidiendo que te recete un medicamento concreto, sino que le dices dónde te duele y todos los datos que puedas aportar para que dé con el diagnóstico y te prescriba un remedio.

Buscar formación para tu empresa es parecido. Sabes, por ejemplo, que flojeáis en comunicación, que las reuniones del consejo son tediosas y que nadie se lee realmente los informes. Es toda esa problemática lo que debes transmitir a la persona que tiene que ayudarte a diseñar la formación. Ella es la que te preguntará todos los detalles y te ofrecerá el tipo de formación que necesitas. No acudas buscando píldoras que tal vez no sean lo que necesitas.

3. ¿A quién le duele?

Tu futura formadora debe conocer todos los posibles detalles acerca de las personas a las que va a entrenar. No solo sus puestos de trabajo, sino a qué se dedican específicamente y que requerimientos tienen sus tareas. Un Product Manager en una compañía no hace exactamente lo mismo que una Product Manager en otra, en cada sitio hay sus particularidades.

Cuanto más sepa de sus alumnos tu formadora, mucho mejor.

4. Asegúrate de que tu problema se soluciona con formación antes de limitarte a ella.

Porque no siempre es el caso. En más de una ocasión una empresa ha venido a mí buscando formación para sus empleados «porque son poco productivos», por ejemplo. Y, al hacer unas cuantas preguntas, ha quedado claro que el problema base tiene más que ver con la organización y la cultura de la propia compañía antes que con carencias de los empleados.

En esos casos suelo ofrecer un proceso de asesoría para intervenir en el modo en que los equipos se organizan, se plantean los horarios y los espacios, etc. Y la formación, en todo caso, será un complemento, pero antes es mucho más eficaz llegar a acuerdos comunes en la plantilla para evitar interrupciones, racionalizar el uso del correo electrónico, conseguir que los horarios se cumplan, etc.

Atención, la formación siempre es buena e, incluso en el mismo entorno desfavorable, paliará un poco las ansiedades e ineficacias individuales. Pero, como formadora honesta que se toma muy en serio su trabajo, te diré que el impacto de un curso será mínimo en este caso. La formación no puede solucionar problemas culturales si no hay un compromiso que acompañe el cambio desde la dirección.

En resumen, si buscas formación, habla con la persona que va a impartirla. No hace falta una reunión presencial (no nos sobra tiempo para reuniones) pero una videoconferencia o una llamada contribuirán a que os conozcáis mejor y a que la solución a las necesidades de la plantilla sea mucho más eficaz.